Como perla preciosa es el valor que le damos a algunas cosas y personas. Llámese pareja, los hijos, bienes, cuentas bancarias, títulos, el éxito, etc. Eso que valoras más es tu perla preciosa. Sin embargo, en ocasiones, bastante frecuentes, se nos dificulta asignarnos ese valor de perla preciosa a nosotros mismos.

La biblia habla en Mateo 13:45-46 “También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.” El mercader, el que conoce de perlas, y las puede calificar como buenas o malas, como valiosas o no, es quien puede reconocer el verdadero valor en una perla.

Pero cómo podría un zapatero entender sobre calidad de perlas, si solo conoce de cuero y zapato. O un cocinero cómo sabría de perlas si él conoce de condimentos o calidad de la carne. Con esto quiere llegar al hecho, que en la vida te has topado con cocineros y zapateros queriendo juzgar si tú eres o no una perla preciosa, y la verdad es que su juicio, no sería válido, porque ellos no conocen nada del valor de las perlas.

La gente te ha metido en la cabeza que no sirves, no eres útil, no naciste para esto, no aportas nada, no hay nada valioso en ti, y a veces nos creemos todo lo que nos dicen, de tal manera, que se nos hace difícil, reconocernos como valiosos, y menos como una perla. No obstante, Dios si reconoce tu valor, Él sabe lo capaz que eres.

Dios sabe que con una pulida que se le dé a esta perla que eres tú, logrará impactar con su brillo. Dejemos por una vez el papel de mercader, que reconoce el valor que tienen otros, y creámonos perlas preciosas y reconozcamos nuestro propio valor.




















