Una idea sencilla, impulsada por la empatía y la creatividad, se ha convertido en una iniciativa regional que hoy llega a miles de personas cada año.
Valentines By Kids, una organización creada por Patrick Kaufmann, celebra este Día de San Valentín un logro importante: su primera colaboración con Girl Scouts Nation’s Capital. Esta alianza ha impulsado a la organización a su año más grande. En esta edición participan más de 250 escuelas, clubes y tropas de Girl Scouts, y más de 55.000 niños que están creando tarjetas hechas a mano para pacientes hospitalizados, centros de vida asistida, además de beneficiarios de la organización local Food & Friends.

El lema de la organización —“hechas a mano, sentidas con el corazón”— resume el espíritu del proyecto. Niños de todas las edades diseñan con cuidado tarjetas llenas de dibujos, bromas y mensajes sinceros. Luego se entregan a hospitales y otras instituciones, donde se distribuyen entre personas que pueden estar pasando el Día de San Valentín lejos de sus hogares, sus familias y sus amigos.
Lo que comenzó como un proyecto de servicio comunitario ha crecido de manera constante. Aunque Valentines By Kids ha recibido cobertura mediática en años anteriores, los organizadores señalan que el crecimiento más significativo proviene de educadores, familias y líderes juveniles que reconocen el valor de enseñar la bondad a través de la acción. Cada tarjeta, aunque pequeña, representa un momento de conexión: un gesto de un niño hacia alguien que necesita ánimo o, simplemente, una sonrisa.

La colaboración de este año con Girl Scouts Nation’s Capital marca un paso decisivo. Tropas de Girl Scouts en toda el área metropolitana de Washington incorporaron la creación de tarjetas a sus reuniones y proyectos de servicio, ofreciendo a decenas de tropas y unidades de servicio una manera práctica de ejercer la compasión y el compromiso comunitario. Sus líderes destacan que la alianza se alinea de forma natural con la misión de Girl Scouts: fomentar la confianza, el carácter y la responsabilidad cívica.

La herencia peruana de Patrick también influye en un rasgo distintivo del programa: la inclusión. Algunos de los pacientes que reciben las tarjetas son hispanohablantes, lo que brinda a los niños una oportunidad significativa para escribir mensajes en español. Para quienes estudian el idioma, es una práctica real; para quienes son bilingües, una ocasión de sentirse orgullosos de su herencia y compartirla de manera personal y generosa. Los pacientes de los hospitales han señalado que recibir una tarjeta en el idioma materno puede ser especialmente poderoso, porque refuerza la sensación de que el mensaje fue pensado de manera auténtica para quien lo recibe.

El impacto va más allá del hospital. Los líderes de las tropas comentan que muchos niños siguen hablando de estas tarjetas incluso después de terminar: hacen preguntas sobre hospitales, recuperación, cuidado residencial y sobre cómo pequeños gestos pueden marcar una diferencia. En ese sentido, el programa resulta tan formativo para quienes crean las tarjetas como significativo para quienes las reciben.
Kaufmann, estudiante de último año en la Washington International School, asistirá a Boston College en el otoño. Mientras se prepara para esa nueva etapa, expresa su deseo de que Valentines By Kids continúe creciendo sin perder su idea central: que la compasión no tiene por qué ser complicada.
A veces —dice— todo lo que se necesita para mejorar el día de alguien es una tarjeta hecha a mano: hecha con las manos y sentida con el corazón.





















